P20 | ÁTICO EN MALASAÑA

Un valenciano y una canaria decidieron poner base en Madrid y un barrio como Malasaña les gustó para asentarse. Así que compraron un piso en un edificio de finales del siglo XIX, pero con peculiaridades en su interior poco apetecibles para iniciar una nueva vida.

Se trataba de una vivienda bajo la buhardilla común del edificio, por lo que la luz de sur llegaba a través de pequeños huecos y sólo la disfrutaban dos pequeñas habitaciones.

El edificio, dada su antigüedad, se había construido con estructura de madera y ladrillo macizo (ningún elemento era visible inicialmente desde el interior).

El inmueble estaba dividido en muchas estancias, como resultado de una forma de vida anticuada, algunas sin ventilación ni iluminación natural, y tan compartimentado que los espacios eran de dimensiones muy reducidas. Parte de la vivienda recaía al patio de manzana y el resto a calle, con pequeñas ventanas en altura.

Con la reforma se pretendía eliminar barreras, comunicándose las diferentes estancias para crear mayor sensación de amplitud y conseguir que la luz natural alcance cada rincón de la vivienda, provocando además ventilaciones cruzadas.

En ambos ambientes se opta por eliminar el revestimiento de yeso para dejar ver los muros de ladrillo con el entramado estructural de madera, que le confiere a la vivienda identidad propia, teniendo presente su antigüedad, pero con matices actuales que le aportan luz y sencillez. También se retira el falso techo y se aisla el entrevigado para dejar las viguetas vistas.

Los futuros espacios eran el resultado de un programa sencillo, respondiendo a las necesidades de una pareja joven con un bebé en camino, donde se pudiera disfrutar de vida en familia, con zonas preparadas para poder trabajar ocasionalmente desde casa o tener lugares donde desarrollar sus hobbies, como lo es la música.

Por una lado, se derriban tabiques para crear un espacio amplio, con orientación sur, de salón-comedor-cocina, próximo al acceso y abriéndose a un espacio central de ocio, desde donde se accede a un estudio (con posibilidad de convertirse en habitación de invitados) y que será más adelante una habitación infantil.

En el pequeño paso de camino a la habitación principal se crea una zona de lavado, con espacio para sus gatos, junto con lo que ellos conllevan, y el acceso a uno de los baños.

La habitación principal y su baño se entiende como un espacio único donde se independiza el inodoro y la ducha. En esta zona, a pesar de contar con un altillo privado, se retiró la zona perimetral de falso techo próximo a fachada para dejar ver el entramado de madera que sostiene el altillo y la cubierta inclinada del edificio.

Esta vivienda es el resultado de convertir un reducido apartamento con escasa luz,  poco interés espacial y de referencia aleatoria en cuanto a ubicación y carácter, en un lugar acogedor, cómodo y con identidad de edad y situación.

Constructora: Reforma-T